martes, 29 de enero de 2013

La musa...


El poeta quedó callado, su silencio producía un doloroso efecto entre el auditorio que con la mirada buscaba una explicación, una causa para que los versos hubieran cesado, y el autor enmudecido, pasó tiempo antes que el poeta volviera a articular palabra, un tiempo eterno, lleno de ansiedad de los oyentes y tensión del poeta…Sus primeras palabras fueron…¡Mi musa se ha ido!...acompañó a la fase un gesto de dolor mas elocuente que sus palabras y acto  seguido se desplomó ante el murmullo general de la sala.

No recordaba nada, ni su silencio, si sus gestos ni que había ocurrido, cuando en el hospital abriendo los ojos, una luz cegadora se los hizo cerrar de nuevo por unos instantes abriéndolos luego con dolor y desconfianza…ante él, una bata blanca a su derecha y otra verde a su izquierda, no reconocía rostros, solo bultos, colores y le dolía la cabeza.

Trató de preguntar que había ocurrido y de su garganta solo salió un leve gemido que se perdió entre el repiqueteo de voces que le rodeaban, pudo oír un…¡Se nos va!...¡Preparar la Adrenalina!...¡Marca 350 y fuera!... un dolor agudo y profundo recorrió su cuerpo y se sentía saltar sobre aquella camilla como empujado por un vendaval…¡Repite marca 380 y fuera!...y una nueva sacudida le hizo sentir que la luz se hacía mas cegadora y el ruido mas ensordecedor…pasaron unos minutos que parecían siglos, la voz de su derecha repetía con cansino ritmo, 30…40…50…60… una extraña sensación de paz le invadió y sintió entonces aquel cansancio y el magullamiento general de su cuerpo, trató de nuevo en decir algo y esta vez ni siquiera un gemido salió de su boca, abrió aún mas sus ojos, aguzó sus oídos y ya no veía nada ni oía nada, un silencio sepulcral le rodeaba y no entendía como con tanto movimiento a su alrededor nada hacia ruido, sin embargo, sentía movimiento un extraño movimiento liviano en su cuerpo, como si flotara sin peso en una nube de algodón, volvió a ver y se vio a si mismo tumbado en aquella camilla, vio las caras sobrias, tristes, pensativas de los que le rodeaban y pensó…¡He muerto!.

Una ráfaga de aire meció sus cabellos y acarició su cara, instintivamente buscó su procedencia y vio un gran agujero en el aire, rodeado de nubes que giraban en su luminoso interior, alargó la mano y trató de tocarlo, pero sintió un fuerte dolor en todo su cuerpo, una peso enorme sustituyó su anterior sensación de ligereza y sus brazos cayeron pesadamente uno a cada lado de la camilla… gritos, carreras, sintió algo sobre su boca y nariz y una corriente de aire entro en sus pulmones, tosió una y otra vez y por fin pudo gritar…¡VIVO!, ¡No necesito musas, la vida es mi musa!. Y pensó… mañana dedicaré un poema a la vida…

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