miércoles, 9 de noviembre de 2011

Reflexiones sobre el post de un amigo que se siente olvidado...


Ciertamente es triste ser olvidado (como ese viejo cacharro) y destino de todos nosotros. Solo unos pocos afortunados permanecen en nuestra memoria por sus grandes obras, o por el cariño que le profesamos. Ser olvidado es moneda común entre los que compartimos trabajo, algo más difícil es que la familia te olvide y aún más una esposa o un marido (al menos eso espero y deseo). Los hijos te recordarán y lo harán los nietos en menor medida si has tenido la fortuna de conocerlos en años en los que pudieron fijar tu imagen.

Ser recordado por compañeros y amigos, puede ser empeño vano, quizá te olviden antes aquellos por los que más luchaste, como bien dices, quizá para no recordar la deuda que en su día contrajeron sin que esta estuviera escrita en ningún lugar, sin que nunca se les pidiera saldarla y sin que nadie exigiera o recordara la misma, pues la deuda nació de una actitud desinteresada de quien dio a luz la misma en un generoso acto de convivencia que ya quedó en el olvido.

La memoria es débil para quien no quiere recordar, pues el recuerdo le produce dolor.

Yo también he sentido el olvido sin olvidar a los que me olvidaron, también he sentido, quizá el desprecio, pero sin despreciar a quienes me despreciaron. Sé que en unos años, nadie me va a recordar en el entorno laboral, cuando me llegue la hora de abandonarlo y no me duele este olvido, hago lo que tengo que hacer y no busco el recuerdo, mientras yo si recuerdo y no olvido a todos cuantos por mi vida han pasado, acumulando así un tesoro que solo yo guardo dentro de mi y que de vez en cuando, dejo ver en alguno de mis escritos como un guiño,quizá inútil, a quien en su día me olvidó, no para que me recuerde, si no para que vean que yo no les olvido

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