miércoles, 1 de agosto de 2012

Mares...

Olas que mansamente vienen a morir en la orilla mientras un radiante sol, llena de destellos las tranquilas aguas de un Mediterráneo bullicioso y alegre. Aguas bravas que rompen con estruendo azotando acantilados, en medio de brumas y blancas olas de espuma, que con furia se estrellan contra las rocas de un Cantábrico nostálgico y a la vez acogedor.
Dos maneras de sentir la vida, dos maneras de apreciar nuestra existencia, que se complementan formado los momentos alegres y los melancólicos.
Dos mares que llenan nuestra presencia  de momentos alegres e instantes taciturnos, por los que uno navega la andadura de esta vida, que cada día se llena de más escollos, sin la luz de un faro que oriente nuestro rumbo.
Somos marineros en Mediterráneo y Cantábrico, en paz y furia desatadas navegando en ocasiones al pairo, así es el devenir, en el que nos cruzamos con otros navíos que ya están de vuelta o inician su andadura.
Mares para ser recorridos, para ser vividos en busca de un puerto seguro en el que poder reponer fuerzas, para seguir navegando hacia una meta soñada.
Marineros de la vida, en la que encontraremos galernas y calma chicha, navegantes de mares imaginarios y reales en los que uno encuentra vientos favorables y tormentas de verano.
El fuego de San Telmo alumbrando los mástiles y auroras boreales decorando los cielos de un navegar continuo por una vida imprevisible.
Mares de la existencia en los que todo es posible mientras se mantenga el rumbo firme y la vista en el horizonte. Mares vividos y queridos…mares…
 

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