jueves, 31 de mayo de 2012

Todo es relativo...

Mi afición a la lectura de temas científicos me ha llevado a releer de nuevo la teoría de la relatividad de Albert Einstein, y en la lectura de la misma, he descubierto algo nuevo, al relacionarla con la sociología y la costumbre junto con los hábitos humanos.
La percepción del tiempo (ese que a los que ya tenemos una edad, parece correr demasiado), no es siempre la misma dependiendo de la edad que uno tiene.
Los niños carecen de la percepción de pasado (apenas lo tienen) y de futuro, sus necesidades, son acuciantes y percibidas como permanentes, el hambre, el frío, sus necesidades fisiologicas son inmediatas y las sienten como si fueran para siempre, como si fueran algo interminable. Si su madre se va al trabajo, lo perciben como una pérdida permanente,creyendo que ya nunca más la volcerán a ver, no asumen que todo es temporal y pasajero y por ende relativo en el tiempo.
Mientras, los mayores a medida que va transcurriendo el tiempo descubrimos que nada es para siempre, que todo tiene un principio y un fin y que en función de nuestro estado de ánimo, de nuestro espíritu optimista o pesimista, el tiempo se nos hace corto o largo.
La teoría quántica, los quasares, las partículas subatómicas, nada tienen que ver en este caso en esa relatividad que vivimos y nos hace sentir que el tiempo corre o se detiene. Todo es cuestión de como se encaran las situaciones que cada día nos asaltan, preocupaciones por el trabajo, la salud, la familia, pueden ser tomadas como leves o graves en función de la disposicion mental en que uno se encuentre.
Relacionándolo con mi post anterior , de hace unos dias, en el que me desahogaba sobre un día no todo lo bueno que uno deseaba, el haber puesto una nota de humor, un pensamiento positivo en cada chasquido de mis rodillas, en cada punzada de mi espalda, hizo que todo fuera mas llevadero, estoy convencido que si con cada dolor, me hubiera quejado o hubiera dejado que la tristeza o la desesperación hicieran aparición, habría sido "el día mas largo” que el del desembarco en Normandia. De nuevo la relatividad de las cosas y con ella la manera de no perder los estribos ante situaciones difíciles.
Pensar que no todo es para siempre, que por ejemplo, esta crisis (no me gusta usar este palabro ya manido y desgastado de tanto usarlo) no va a tener fin o que su fin puede ser el desastre total, todo depende de la energía que empleemos en dar solución a los problemas y la buena disposición que en ello se ponga. Ser negativo, ver todo negro, solo nos sirve según mi modesto parecer, para ir tropezando en ese túnel en que nos encontramos, solo la luz de la esperanza, el brillo del buen animo puede mostrarnos el camino haciendo relativa esta situación difícil en la que nadie esta contento y todos somos incapaces de sonreír, aunque solo sea para que el paisaje en cada paseo por nuestras calles deje de ser tan sombrío, lleno de cariacontecidos y mal encarados agobiados…Pensar…todo es relativo, todo tiene un fin y algún día llegará…sea cual sea…

1 comentario:

  1. Y romperse la cabeza pensando en ese "fin" es torturarse infinitamente porque si hay algo veradero y real es que ese fin llegará inevitablemente. Mientras tanto, como tú has dicho en más de una ocasión, disfrutemos como niños este presente y dejemos el futuro para chamanes.

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